Se mataron entre ellos, dijo Solá a Cortiñas

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La causa por las responsabilidades políticas en la masacre de Avellaneda sigue activa. La fiscalía federal escuchó ayer el testimonio de Nora Cortiña, Madre de Plaza de Mayo y referente de la lucha por los derechos humanos de ayer y de hoy, acompañada por la querella que impulsa la LADH (Liga Argentina por los Derechos del Hombre) y la APDH La Matanza en nombre de los familiares y compañeros de Darío Santillán. “Bueno mire Nora, ese es un enfrentamiento entre pobres contra pobres, quédese tranquila”, le dijo el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Felipe Solá durante una conversación telefónica el mismo 26 de junio de 2002. Esa fue la versión oficial que el gobierno de Eduardo Duhalde hizo circular cuando los heridos aún seguían llegando al hospital Fiorito, tras aquella feroz represión y cacería de militantes de la que participaron las policías Federal, Bonaerense, además de la Prefectura y la Gendarmería. Y ratifica la hipótesis de la querella sobre la existencia de un plan de los gobiernos nacional y provincial para enviar una señal ejemplificadora en medio de una situación de altísima conflictividad social, al parecer compartida por la justicia al punto que la causa archivada fue reabierta. En medio de un relato de horror de lo que Cortiñas vió en el Fiorito, recordó a Aurora, una herida de bala durante la masacre que nunca recibió reparación alguna.

En esta nueva etapa ya declaró el ex intendente de Avellaneda, Oscar Laborde, en el expediente que invesiga “la presunta responsabilidad que cabe atribuir a Eduardo Duhalde, presidente de la Nación en 2002; Carlos Ruckauf, ministro de Relaciones Internacionales: y Juan José Alvarez, secretario de Seguridad Interior, en orden a los homicidios de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki”. El actual funcionario de la Cancillería dijo ante la fiscal federal Paloma Ochoa que “hubo una articulación entre los gobiernos de Duhalde y Solá para reprimir de esa manera”. También declaró que Solá le respondió que no sabía nada y que lo habían “puenteado” cuando Laborde le planteó, durante una reunión que tuvieron ese día, que no entendía por qué la Prefectura había intervenido y por qué había sido desalojado previamente el hospital Fiorito. El ex intendente de Avellaneda recordó que le dijo al comisario Alfredo Fanchiotti, condenado en la causa por la autoría material del asesinato de los piqueteros, que no quería un muerto, porque todo hacía presumir que ese día “iba a pasar algo grave”. Ratificó que ese policía estaba en diálogo con la SIDE, y también mencionó que Juanjo Alvarez le pidió que no hiciera mención de la Prefectura si hablaba con los medios.

Ayer Cortiñas comenzó su declaración explicando por qué se movilizó el 26 de junio de 2002. “Soy una militante de derechos humanos, ya casi hace 39 años que fue secuestrado mi hijo Gustavo, el 15 de abril de 1977, y desde entonces soy una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. Sigo buscando a Gustavo, quiero toda la justicia y toda la verdad. Esto me lleva a tener el compromiso de apoyar a la gente que sufre injusticia y falta de verdad”, fue su introducción. “Por esos días de junio de 2002, en donde había muchos movimientos sociales en las calles con reclamos en todo el país, especialmente de jóvenes varones y mujeres, exigiendo vivir con dignidad, estaba atenta a los acontecimientos de esos días en que había mucha ebullición de los movimientos sociales. Especialmente en la víspera del 26 de junio había muchas inquietudes. El 26 recibí un llamado de una compañera que me decía que había una gran represión en el puente Pueyrredón”, agregó. Luego Cortiña reseñó que tras verificar esto en las imágenes de la televisión se puso en comunicación con algunas madres, con el pastor José De Luca, de la Iglesia Evangélica Metodista, y con Adolfo Pérez Esquivel. Querían ir a la zona pero antes decidieron llamar al gobernador Solá. Recién lo lograron por la tarde. Dos veces le repitió Solá a Cortiñas que había sido un “enfrentamiento de pobres contra pobres”, y cuando ella le dijo que había muertos el ex funcionario y ex candidato massista le respondió que se quedara tranquila porque “fue entre ellos”.

La Madre de Plaza de Mayo destacó que esa frase le quedó “grabada para siempre”, que la “lastimó e hirió”. Casi sin que mediaran preguntas, Cortiñas siguió con el relato de lo sucedido ese día. “Fuimos con Pérez Esquivel y De Luca a ver los heridos en el Fiorito, y ahi vi a Aurora, herida de bala, toda magullada, mal muy mal, descompuesta, no podía creer lo que había vivido, después recorrí otras salas y vi a hombres jóvenes lastimados, ensangrentados, como una guerra era la visión, no podíamos creer tanta criminalidad, tanta represión a un grupo de trabajadores que reclamaban justamente”, dijo. La testigo agregó que tuvo la “certeza de que eso había sido preparado muy fríamente por el propio gobierno provincial y nacional, había la intención de salir a matar, de reprimir fuertemente para ejemplificar y disciplinar al pueblo para que no emitiera sus reclamos”.

Le preguntaron a Cortiñas en qué basaba tal convicción, y ella respondió que “días anteriores había malestar y murmullos de que se estaba preparando algo para esa manifestación, para frenarla, todo lo que vi por televisión me pareció muy organizado, con la policía muy preparada para salir a escarmentar, sólo podía ser desde una orden del presidente y del gobernador dirigiendo a la policía para que frenara la movilización con las armas, y si tenían que matar, mataban. No creo que salieran de esa manera sin una orden”. En ese momento de la declaración, Cortiñas volvió sobre Aurora. “La vi hace poco, salió tan lastimada de esa masacre y no encontró después de tantos años una atención por parte del Estado responsable, en virtud del mal estado de salud con el que quedó. Muchas personas quedaron lastimadas y con un estado psíquico deteriorado por ese momento de represión”, declaró. Tras afirmar que tuvo “el mayor estado de horror al haber visto que después que balearon a Maxi, su compañero Darío fue a socorrerlo y también lo hieren de muerte en ese estado de salvajismo”, Nora Cortiñas concluyó que es necesario dejar constancia de la “gran responsabilidad del gobierno y del Estado, que los heridos no recibieron hasta hoy la atención debida, y que no se ha implementado la justicia correspondiente a los responsables políticos”.

Aún es temprano para saber si con estos nuevos elementos la justicia podrá avanzar, finalmente, sobre la autoría mediata e intelectual de la masacre de Avellaneda. Lo que sí está sucediendo por estos días en los tribunales federales de Retiro, es la recepción de varias piezas valiosas de ese entramado. Y quienes impulsan la causa, los abogados de los organismos de derechos humanos y el Frente Popular Darío Santillán, presumen que habrás más aportes de gran sustancia. En definitiva, buscan probar que aquella represión era una parte esencial del plan del duhaldismo para sobrevivir demonizando a las organizaciones sociales que lo habían puesto en jaque, junto con la causa que impulsaba el gobierno contra piqueteros por presunta “sedición”, la generación de un clima de caos supuestamente destituyente, la infiltración de las asambleas por parte de la SIDE y las declaraciones de Ruckauf reivindicando el decreto con el que había ordenado, durante el gobierno de Isabel Perón, “aniquilar a la subversión”. Si se hubiera instalado el “se mataron entre ellos”, es decir de no haber mediado la difusión de las fotos y las crónicas de la matanza, estaríamos hablando de otra historia.

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