El arte de encubrir(se) con escuchas ilegales

En las próximas horas habrá dos importantes audiencias en Chubut, en las que se definirá si las escuchas a la familia Maldonado que la justicia declaró nulas son finalmente destruidas, y si la fiscal federal Silvina Avila sigue en el caso a pesar de haber sido recusada por las querellas. Sus argumentos para evitar que las conversaciones sean destruidas coinciden con las filtraciones de las mismas difundidas por algunos medios: la familia, los mapuches y los abogados fueron parte de un complot contra Gendarmería. El viejo truco de ensuciar a las víctimas para encubrir sus propias movidas en el expediente a favor del gobierno, desde el minuto cero del caso. “Escuchando a Sergio no iban a encontrar a Santiago”, dijo a Ojos Vendados la abogada de la familia, Verónica Heredia.

(foto Gustavo Zaninelli)

Contra viento y marea, la fiscal del caso Maldonado se aferra al expediente para evitar ser apartada, pero sigue recibiendo cuestionamientos porque insiste en su tesis de acusar a las víctimas de haber urdido una conspiración contra los que visten uniforme verdeoliva. Silvina Avila pidió que no sean destruidos los audios de las escuchas al entorno y la familia del tatuador, que desapareció hace diez meses luego de un operativo represivo de Gendarmería en la Pu Lof en Resistencia. Lo hizo al apelar la decisión del actual juez de la causa, Gustavo Lleral, quien hace un mes determinó que esas “pinchaduras” ordenadas por su antecesor, Guido Otranto, son nulas, ilegítimas e inconstitucionales para una investigación de habeas corpus. De hecho, fueron hechas cuando el cuerpo de Santiago aún no había aparecido. “El gobierno y la fiscal, pretenden descargar la responsabilidad por la muerte de Santiago en los mapuches, con su lógica, terminan castigando a quienes denunciaron los abusos y atropellos de las fuerzas de seguridad y premiando a sus responsables, pero siempre desde la Asamblea Permanante por los Derechos Humanos sostuvimos que el operativo fue violento e ilegal, se fraguó una flagrancia y resultó en la muerte de una persona”, dijo Gisela Cardozo, una de las presidentas de la APDH, querellante en la causa. “Patricia Bullrich se aferra a teorías de complot con el único fin de perseguir a los que denuncian los abusos y no investigar la cadena de mando en las responsabilidades”, agregó.

Avila y Otranto impulsan la causa abierta por la denuncia del ministerio de Seguridad, una de las tres querellas del gobierno contra los mapuches, que acusa a personas allegadas a Maldonado de haber entorpecido la investigación sobre su desaparición y muerte con la intención de inculpar a la Gendarmería. Tanto la fiscal como el juez usaron parte de esas conversaciones como supuestas pruebas de que hubo un “plan coordinado por los miembros de la comunidad”. La reciente difusión pública de parte de esas conversaciones privadas apuntó a tratar de desacreditar los testimonios clave del caso, que en su momento determinaron la emisión de una medida cautelar contra el Estado por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. El ataque oficialista de la mano de juez y fiscal incluye la acusación de asociación ilícita, fraude procesal y falsa denuncia contra los abogados peticionantes ante la CIDH, de Naturaleza de Derechos y APDH Córdoba, Fernando Cabaleiro y Carlos González Quintana, respectivamente.

En su último escrito para evitar la destrucción de los audios ordenada por el juez Lleral, la fiscal va más allá: los acusa de haber plantado la gorra del joven anarquista. En realidad, tal como pudo verificar esta periodista en el expediente, quien falseó información en un documento público fue el juez: al realizar el anuncio del hallazgo de la prenda en el territorio mapuche recuperado de Cushamen dijo que sucedió debajo de una “manta” cuando debió decir “mata o arbusto”, como informó la policía. Otranto, que aspira a ascender en su carrera con un cargo en un tribunal oral, suma pedidos de juicio político en el Consejo de la Magistratura con cada nuevo capítulo de esta saga.

En tanto, la querellante APDH amplió los argumentos para que la fiscal Avila sea apartada del caso Maldonado, al sostener que si hubo irregularidades en los procedimientos a ella también le cabe la responsabilidad. Su accionar en connivencia con Otranto fue expuesto a partir de que su secretaria es la esposa del juez, por eso fue solicitada también la salida de Rafaela Ricono. A criterio de la querella, el juez necesita salvar el bache del acta irregular, sobre un operativo que en lugar de presenciar vigiló a distancia desde la estancia de Benetton, acusando a los mapuches. “La fiscal Ávila repite nuevamente la versión del juez Otranto de los primeros días, pero las actas del primer rastrillaje contradicen mucho esa versión, una simple N que parece un descuido, cambia radicalmente el sentido de las cosas. Se pasa de la “mata” a la “manta” y de ahí a que plantaron una prueba. Hay contradicciones que merecen una seria investigación y que nosotros estamos denunciando”, explicó a Ojos Vendados Mauricio Rojas, abogado de APDH.

El elemento de sospecha que introduce Ávila en su apelación para que no sean destruidas las escuchas en realidad debería resultar un búmeran, y todo indica que cuando en Página12 esta periodista expuso las irregularidades de aquel operativo en la fiscalía de Esquel se pudieron nerviosos.

¿Mata o manta?

El 5 de agosto Otranto ordenó allanar los escuadrones 35 y 36 de Gendarmería, pero a fojas 192 consta que un día antes anunció por nota a sus jefes que serían allanados. Ese mismo día instruyó el primer rastrillaje del río, con la división canina que ya había tomado contacto con una prenda, el famoso cuellito, aportada por Sergio Maldonado. A fojas 186 el defensor Machado realiza su propia acta de procedimiento donde consta el hallazgo “detrás de los arbustos” de un “gorro color beige”, que un miembro de la comunidad reconoce como el que usaba Santiago. Y a cuatro metros, una vaina servida. Era la prueba que ratificaba el relato de los mapuche sobre la presencia del tatuador durante la represión el 1 de agosto. En su acta Otranto y su secretaria María Silvina Salvare insisten en denostar la actitud belicosa de los mapuche a quienes acusan de entorpecer la investigación, y de la misma se deduce que ninguno estuvo en el rastrillaje. “Nos acercamos hasta la estancia de la compañía Tierras del Sud donde fuimos atendidos por el señor Ronald McDonald (jefe de capataces de Benetton) (…) luego de ello regresamos a la ciudad de Esquel”. Hasta ahí nada sobre la gorra. “En horas de la noche se presentó en el juzgado el guía del can, Martín Villarroel”, quien les explicó que el “cuellito” no fue usado porque “durante dos días lo había tenido un integrante de la comunidad”. Según el acta de Otranto, cuando el guía les dijo que se retiraba “uno de ellos le entregó una gorra que se le dijo habían encontrado bajo una manta y que pertenecería a la víctima”. Nada dice el juez sobre la cadena de custodia de semejante prueba, ni por cuántas manos pasó hasta que el defensor Machado la embolsó para enviarla al laboratorio.  Pero agrega que en la Lof estaban dos empleadas de su juzgado.

A fojas 250, el acta circunstanciada firmada por el ayudante de la División Drogas Peligrosas Matías Maglione quien describe: “Siendo las 14.40 se comienza la búsqueda, hallándose a pocos centímetros del lugar que nos encontramos precisamente debajo de una planta autóctona del lugar boina con gorra de color blanco, por lo que es consultado si pertenecería a la persona buscada la ciudadana Claudina Pilquiman confirma que la prenda de vestir efectivamente corresponde a la persona de Santiago Maldonado. Consecuentemente el instructor del can impronta al perro con el olor de referencia”. Interrogada por los fiscales de la Procuvin (Procuración contra la Violencia Institucional), Pilquiman relatará que la boina fue avistada por una mujer que no es de la comunidad, y como la secretaria del juez tampoco estaba, esa persona no es otra que una de las dos empleadas que sí estuvieron en el lugar de los hechos, cuya identidad es reservada porque podrían ser convocadas como testigos si prospera alguna de las denuncias contra Otranto por encubrimiento agravado, abuso de autoridad y prevaricato.

En definitiva, Machado y los policías coinciden en que la prenda estaba entre los arbustos o matas, lo cual sitúa a Santiago donde desapareció. Pero en pleno apogeo de la campaña negacionista del gobierno contra la posibilidad de sumar un desaparecido en democracia a la lista, el juez escribió que la entregaron los mapuches. Y a diez meses, ambos buscan encubrir sus pasos con la misma tesis más que tirada de los pelos.

El destacamento policial está adentro de la estancia de Benetton

El destacamento policial está adentro de la estancia de Benetton (foto Gustavo Zaninelli)

No aclaren que oscurecen

Esta semana habrá en Chubut reuniones fundamentales para definir la continuidad de la fiscal y el destino de las escuchas. El jueves 7 la APDH y Verónica Heredia, abogada de la familia, participarán de la audiencia por la recusación de la fiscal Avila. En tanto, el martes 5 en la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia habrá una audiencia en la cual Lleral aportará sus argumentos para validar la orden de destruir el material que registró llamadas telefónicas interceptadas a Sergio Maldonado, hermano de Santiago, la mapuche Claudina Pilquiman, el amigo del tatuador Ariel Garzí y una integrante de la red de apoyo a las comunidades en conflicto, que según pudo saber este sitio, había prestado su línea al dueño del lugar donde vivía Maldonado en El Bolsón. Para Lleral resultó “evidente que la interceptación de las comunicaciones, la invasión de la privacidad del hermano de la víctima, no era el último recurso disponible para lograr datos conducentes al hallazgo de Santiago Maldonado”.

En su defensa, Otranto y Avila aducen que pidieron las escuchas por las contradicciones que habría entre testigos mapuches, y por la urgencia de encontrar al tatuador anarquista, que estaba desaparecido desde el 1 de agosto. Según ellos, hacía falta escuchar a Sergio Maldonado en caso de que los “encapuchados mapuches” se comunicaran con él. Para Avila y Otranto no sólo hubo testigos falaces sino también pruebas plantadas.

En un intento de salvar su responsabilidad, Avila puso primera: no sólo cargó contra los mapuches, sino también acusó a Sergio Maldonado de haber manipulado objetos de su hermano y al juez Lleral de haber desarrollado estrechos vínculos con la Pu Lof, hasta deslizó que pudo haber perdido los discos que contienen las escuchas. La fiscal sostiene que la misma noche en que desapareció Maldonado, Pilquiman fue a su casa en El Bolsón y retiró sus pertenencias, para luego plantar algunas en la escena del crimen. Y al amigo de Santiago, Ariel Garzí lo acusa de inventar una comunicación inexistente al celular del mochilero.“No podemos separar lo que pasó con Santiago Maldonado del escenario de persecución a las comunidades mapuches, por eso actuamos en la causa de Rafael Nahuel y nos solidarizamos con Facundo Jones Huala, que ha iniciado una nueva huelga de hambre”, agregó Cardozo, de APDH.

La fiscal Avila, ejerciendo como abogada de los uniformados según la familia Maldonado.

La fiscal Avila, ejerciendo como abogada de los uniformados según la familia Maldonado.

 

Verónica Heredia, abogada de la familia: “No iban a encontrar a Santiago escuchando a Sergio”.

Desde 25 de Mayo, donde se realizó la marcha por los diez meses de la desaparición de Santiago Maldonado, la abogada de la familia Verónica Heredia dijo a Ojos Vendados que “es mentira que con una escucha lo iban a encontrar, pero admiten que hicieron eso que no corresponde en un expediente de habeas corpus”.  Según Heredia, “Avila reconoce que lo hicieron en un proceso que no era legal y se escuda en que lo hicieron por la urgencia de encontrarlo con vida, pero era evidente que eso no iba a suceder escuchando las conversaciones de su hermano”.  En su razonamiento, la letrada explicó que si decidieron intervenir su teléfono es porque “estaban acusando a Sergio de saber dónde estaba Santiago, por eso es una contradicción en sí misma su apelación porque la propia fiscal reconoce la ilegalidad de esa pinchadura”.

No se sabe si el fiscal de Cámara Norberto Bellver sostendrá la apelación de Ávila. Fue el funcionario que en su momento se pronunció por el apartamiento del juez Guido Otranto del caso, por haber adelantado su opinión al diario La Nación. “Primero habría que resolver la recusación de Avila, antes de escuchar sus argumentos contra la destrucción de las escuchas”, expresó Heredia. El jueves en Rawson se verán las caras Avila, su secretaria Rafaela Ricono, a la sazón esposa de Otranto, con las querellas, en la audiencia de recusación.

Heredia, con Sergio Maldonado y su esposa, Andrea Antico

Heredia, con Sergio Maldonado y su esposa, Andrea Antico

 

“Libertad a Facundo, que aparezca Santiago”

Matías Santana, hasta ahora el testigo más importante en la causa que investiga la desaparición de Santiago Maldonado, fue denunciado por la Gendarmería por haber arrojado una piedra que habría lastimado a Emmanuel Echazú. A su vez, éste es el gendarme más comprometido en el expediente por haber estado cerca del Río Chubut durante la represión del 1º de agosto, donde fue visto por última vez el joven artista. Sin embargo, los abogados de esa fuerza formalizaron la denuncia contra Santana ante el juez federal Guido Otranto, el mismo magistrado que fue apartado del caso y que además está denunciado penalmente por los abusos contra la comunidad mapuche cometidos durante el operativo del lunes 18 de septiembre. “Es parte de la persecución mediática y judicial, el principio de los montajes políticos”, dijo el joven mapuche en diálogo con PáginaI12, desde Esquel donde trabaja en los asuntos previos al juicio de extradición del lonko Facundo Jones Huala, de la Lof en Resistencia de Cushamen, a la que ambos pertenecen. Durante la entrevista dirá que, aún con el nuevo juez, no hay garantías para que más mapuches declaren, que pasó la noche del 31 de julio charlando con Maldonado, entre arroz con leche y disparos, y ratificará que aquel día enviaron un mensaje de texto que decía “se llevaron al Brujo”. Sus dichos coinciden con sus testimoniales: “Veo a tres efectivos de Gendarmería, dos de espalda y uno de frente, que iban golpeando al compañero, tenía puesta mi campera.”

(fotos Gustavo Zaninelli, operativo Gendarmería lunes 18/9)

Santana tiene 20 años, estudió hasta cuarto año de la secundaria y dice que lo echaron de la escuela “por rebeldía y por luchar por los que menos tienen”. Hace dos años con el proceso de recuperación del territorio, asumió el compromiso de reconocerse como mapuche. “Me planteo la vida mapuche que tuvieron nuestros abuelos, lo que la lucha demande porque son 130 años de opresión, necesitamos levantarnos y recuperar la tierra para poder vivir de una manera más digna”. Se crió en Esquel, trabajando desde chico y sufriendo la constante represión policial de los barrios marginales. “Crecí en el contexto del conflicto en esta ciudad para que no instalen la mega minería. En 2003 con un plebiscito con el 81 por ciento de los votos se decide que no iban a empezar a reventar el cerro. Tenía cuatro años, pero ya andaba en las marchas con mi familia, caminando en las calles y abriendo conciencias. En estos días estoy recorriendo comunidades para aprender de los viejitos, conversar con mi gente mapuche, profundizar en mi conciencia, me gusta leer mucho, estamos aprendiendo a vivir en el campo. Mi vida es la militancia, sólo me interesa ver lo que les falta a los demás, nuestra lucha es por el pueblo oprimido en general. Me gusta el punk rock y el heavy metal, música con conciencia. ¿El baile? Es una forma de mantener a los chicos bajo control y entretenidos”.

Matías Santana compartió dos jornadas con Santiago Maldonado. “Conversamos mucho y luego supe por los que ya lo conocían que él creía en una lucha anticapitalista. El 31 se cumplía un mes de la prisión política de Facundo Jones Huala, tenía que quedar en libertad. Reprimieron la manifestación del 29 en Esquel y la del 31 en Bariloche, donde se llevaron a nueve personas detenidas, y nosotros como último recurso de hacer saber lo que estaba pasando cortamos parcialmente la ruta. Santiago llegó un ratito antes de mediodía, poco antes del corte, para pedir por las personas detenidas en Bariloche”.

–¿Maldonado llegó con Claudina y Ailinco Pilquiman?

–Sí, con ellas. Aparece Gendarmería como a las 5 o 6 de la tarde, se paran en el cruce de la ruta 40 y la 70, se acercan algunos peñi, que son los hermanos mapuche, y ahí la Gendarmería dispara con escopeta. Hacemos uso de la autodefensa por este ataque. Nos leen la orden de desalojar por altavoz, pero a las ocho ya estábamos adentro del territorio y Gendarmería nunca apareció. Habíamos dejado un pino, y lo sacaron como a las cuatro de la mañana, y a las seis y media volvieron con toda la furia de reprimir y empieza a disparar hacia adentro del territorio. Nosotros volvemos a recurrir a la autodefensa.

–¿Durante la noche también hubo disparos? ¿Estuvo con Santiago?

–Santiago pasó la noche en la casilla con nosotros, y hasta el momento de su desaparición se mantuvo en ese puesto de guardia, donde siempre hay gente por cualquier movimiento raro que haya en la ruta. Esa noche conversamos, compartimos unos mates, comimos un arroz con leche, teníamos la preocupación de no saber qué estaba pasando en Bariloche con Facundo. A las seis y media bajan tres camionetas y un Unimog, bajan unos gendarmes y nos empiezan a reflectorear, es decir, a prender luces hacia adentro del territorio, y donde veían un bulto disparaban, por eso nos defendemos con la honda de reboleo y piedras. Fueron unos quince minutos. Ya a la mañana cuando llega Soraya le contamos que nos estaban provocando, y arriba ya estaba la Gendarmería sobre la ruta 40, en el cruce de El Maitén, volvemos a la ruta cerca del mediodía y esa es la represión más fuerte que pasan las imágenes en los medios. Baja la camioneta primero, rompe la fila que nosotros habíamos formado y logran repeler a los peñi adentro del territorio, y entran con todo. Se escuchan disparos todo el tiempo.

–¿Con qué disparaban?

–Hubo disparos de 9 milímetros, venían ocupando todo lo ancho de la ruta, y los que estaban del lado de la banquina, en una parte que hay monte, de ahí venían algunos con esas armas, nos damos cuenta enseguida porque no es la primera vez que nos reprimen y sabemos diferenciar el ruido. Pegamos el grito “están tirando con nueve”, y se cierra el grupo, y ahí la camioneta sale a toda velocidad rompiendo la fila de los peñi de la ruta, y ahí es que corremos a los gritos. Fue todo rápido pero pasó de todo, uno lo que atina es a seguir tirando piedras y tratar de que no entren a tu territorio, porque una vez que entran sabemos lo que pasa, no es la primera vez que rompen y queman todas nuestras cosas.

Los gendarmes incendiaron las casillas, rompieron juguetes, tajearon colchones y arrojaron todo lo que quedaba al río.

“Ahí veo un panorama general de todos mis peñi, hasta que se me atraviesa un Unimog en la tranquera, viene uno con un escudo y escopeta, patean entran todos luego de romper en candado. Traté de resistir un poquito más, pero ya estaban todos adentro. Iniciamos el repliegue hacia río. En ese momento lo cruzo a Santiago que iba a la casilla, le digo ‘por ahí no’, y yo sigo corriendo

–¿Quería buscar su mochila? ¿Ahí lo ven las lamien (hermanas)?

–Sí, cuando conversamos me enteré de eso, buscaba su mochila y su campera negra. Bajo por el río, lo costeo hasta un corral donde tenía el caballo atado. Cuando voy llegando escucho la voz de alto ‘quédate quieto, estás detenido’. Entonces me subo rápido, apretó la cincha y vuelvo a tomar el camino como volviendo, pero ya por arriba. El río está en bajada, hay como un pequeño cerro, yo subo al camino y en ese momento veo a tres efectivos de Gendarmería, dos de espalda y uno de frente, agachados, que iban golpeando al compañero. Lo afirmo porque era la campera que yo le había prestado ese día a la mañana. Ahora lo marcan a Santiago en el video el 31 con un círculo, donde claramente lo identifican. Por eso nos cambiamos la ropa, para no ser identificados por el poder político y judicial, porque sabemos que  vamos a terminar todos con causas. Habíamos decidido eso para cuidarnos. Cuando veo que van subiendo por el camino que yo bajé, y tres lo van golpeando con los puños. Viene un escopetero y me empieza a tirar, yo trato de tomar carrera con el caballo pero como viene otro también disparando pego la vuelta y me voy para el río, y cruzo. Me encuentro con los chicos que habían cruzado del otro lado, me preguntan si había alguien detenido y les digo que sí. Y sigo hasta un cerro que está justo en la guardia vieja, desde ahí con unos binoculares de bolsillo veo que sale el Unimog muy rápido, hasta el cruce de la 40 con la 70, ahí aparece otra camioneta blanca y hacen el traspaso, sale esa camioneta hacia Esquel. Lo reconozco por la campera y el pantalón negro que tenía.

–¿Hay más personas que puedan declarar esto que viste?

–Acá está claro que la justicia no busca a Santiago sino reconocer a integrantes de la comunidad para seguir persiguiéndolos. No tenemos ninguna garantía, tengo un auto de la policía y de Gendarmería parado a dónde me esté quedando, me siguen todo el tiempo, estuve trece horas precintado y fui golpeado en el último allanamiento del lunes 18.

Ese día el juez federal Guido Otranto encabezó un mega procedimiento con unos 400 uniformados, drones y helicópteros, en Cushamen y en Vuelta del Río. Santana y otro testigo estuvieron medio día en el piso, no los dejaban ir al baño ni comer, los ficharon mientras los acusaban de ser terroristas, e incluso cuando el juez la se había retirado los miembros del GEOP (Grupo Especial de Operaciones Policiales) casi fusilan a varios mapuches que llegaban desde el bosque y la ruta. La causa penal que Santana inició contra el magistrado, en la fiscalía federal donde su esposa es secretaria, no prosperó. Al día siguiente, cuando Otranto tuvo que recibir a la comunidad de Vuelta del Río que había ocupado su juzgado les dijo que el motivo del procedimiento era que los mapuches son sospechosos de haber tenido en su territorio a Maldonado. Oficialmente, el allanamiento era para secuestrar elementos de valor para la causa, lo cual finalmente consistió en dos mochilas y dos celulares.

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Una vez del otro lado del río, los peñi se secan prendiendo fuego, y con un celular que estaba allí enviaron un mensaje de texto a una lamien que estaba ubicada en la tranquera con el mensaje de que se habían llevado al Brujo. “No es la primera vez que nos reprimen, ya sabemos cruzar el río con temperaturas bajo cero, tenemos herramientas para sobrevivir después de una situación como esa. Esa lamien es Andrea Millañanco, ya declaró y aportó el número, así que el Estado de una vez por todas tiene que investigar en lugar de perseguir a las víctimas”.

— ¿Qué pasó finalmente con los binoculares?

–Durante el rastrillaje de Gendarmería del 15 de agosto por orden de Otranto, que entraron con las fuerzas federales. Se los pasé ese día a un peñi porque ese día mi tarea era resguardar a los niños, y cuando él se tiró al río la corriente se llevó el morral donde los había puesto, ahí se perdieron. Unos binoculares de bolsillo se consiguen, si los quieren hacemos una vaca y los compramos. Pero volvemos a lo mismo, los intereses de la justicia y el poder político, no hay ninguna voluntad de solucionar el conflicto. Yo soy sincero con todos, no tengo nada que ocultar, pero diga lo que diga van a interpretar lo que quieran, es una guerra mediática de medios que responden al sistema capitalista y al Estado y obviamente van a querer ensuciar nuestra lucha de cualquier manera. Hay montones de luchas sociales que están siendo reprimidas y estigmatizadas por esos mismos medios. Tenemos argumentos para dar todas las luchas, la mediática, la jurídica y la política. La solución es política, y si siguen judicializándolo cada vez vamos a ser más.

–¿Cuál sería la solución?

–Conversar en igualdad de condiciones, con nuestras autoridades en libertad, que devuelven todo el territorio usurpado a la gente que empobrecieron. Se tienen que seguir levantando los pueblos.

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–El 1 de agosto cuando los reprimen tenían a nueve de sus integrantes presos en Bariloche ¿Le parece casual? ¿Qué querían?

–Sí, pero siempre estamos en inferioridad de condiciones. Querían matar a uno, quieren que tengamos miedo y dejemos todo lo que hicimos hasta este momento.

Santana está procesado en una causa por la que fue detenido el 27 de mayo. “No me da vergüenza decirlo, me acusan de abigeato, de robar vacas sin ningún vehículo, no tienen pruebas en mi contra, es todo parte de un montaje”. De hecho, tras la represión previa la policía había soltado los animales y los mapuches sólo intentaron tratar de recuperar algunos, que eran suyos.

–¿Cómo siguió su vida luego de dar testimonio?

–Me aferro mucho a mi gente mapuche, hay diferencias con quienes no tenemos acuerdo políticamente, pero en este momento hay que ser objetivos, sacar a Facundo de la cárcel y que aparezca el compañero Santiago.

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