La década sin López

La causa por la desaparición del testigo es un rompecabezas mal armado. Las piezas están pero nadie las coloca en el lugar preciso para que tengan sentido. Las pistas más valiosas fueron desatendidas. No fue el poder político ni la justicia sino dos periodistas quienes más se acercaron a la verdad sobre el destino del Viejo, como le decían sus compañeras y compañeros.

(La ilustración es obra de Julio de puño y letra, quien estuvo desaparecido entre 1976 y 1979. Años después de su liberación, volcó los recuerdos del terror en 30 manuscritos que guardó en una caja de herramientas. Sus allegados sabían de la existencia de los textos, que Jorge Caterbetti publicó en el libro Memoria Escrita, editorial Marea, 2012).

“No hay nada”, es la respuesta habitual ante la consulta por la investigación judicial sobre el desaparecido testigo de quienes conocen y siguen el expediente. Sin embargo, a una década de su segundo secuestro una mirada profunda del caso requiere de una rectificación: no hay resultados porque pistas y pruebas valiosas sí están plasmadas pero fueron investigadas poco o nada, tarde y mal. Quienes condujeron el caso durante diez años descuidaron las líneas de investigación importantes, aquellas que apuntaban a los beneficiarios directos de la desaparición de López, en detrimento de las más banales o intencionadas para desviar el eje bien lejos de los represores. Sin una firme voluntad política, la responsabilidad es compartida por la justicia y las fuerzas de seguridad, que más bien entorpecieron cualquier avance. Y sobre todo, nunca hubo, a excepción de un período en que estuvo en manos de una secretaría especial a la cual no se le dio continuidad, un criterio de conectar y cruzar los datos. De hecho, un ex policía allegado a Etchecolatz conocía de Pehuajó, donde este torturador fue comisario, a una mujer policía que vivía en la casa frente a la cual se vio por última vez a López. De las comunicaciones del mismo 18 de septiembre surge que este uniformado habló ese día con la esposa de Etchecolatz. Pero los cruces telefónicos para dar sentido a estas pruebas, a diez años siguen pendientes.

Quienes sí cruzaron los datos fueron los periodistas Luciana Rosende y Werner Pertot, y en el marco de la investigación que continuaron luego de la publicación de su libro Los días sin López, dieron con una fuente, que pidió reserva de identidad, que les confirmó en vínculo entre el médico policial Carlos Falcone y la ex policía Susana Gopar, que figura en la agenda de Etchecolatz. Pertot y Rosende sí privilegiaron las líneas relacionadas a tres grupos con capacidad operativa para secuestrar a López:

El entorno de Etchecolatz. Su familia y su círculo íntimo podrían haber asistido o encargado el crimen. El mismo día de la desaparición de López, la mujer de Etchecolatz, Graciela Carballo, se comunica con un ex infante de Marina, Jorge Boynak, cuyo currículum apareció en la celda del genocida, quien el 18 de septiembre de 2006 le envía un mail en el que señala que la declaración de López era falsa. Ese correo electrónico luego fue reproducido por sitios web vinculados a los represores y los servicios de inteligencia. Pero no es la única persona que habla con Carballo ese día. También lo hizo el médico policial Carlos Falcone, quien fue denunciado en la causa por un familiar que lo acusó de haber participado del secuestro de López. Indicó que se había usado su auto para el secuestro y que el cuerpo de López habría sido arrojado al mar en Mar del Plata. El allanamiento a esa casa se hizo tres años más tarde, el auto estaba desmantelado y a la intemperie, encontraron manchas de sangre pero no pudieron extraer huellas ni un perfil genético para poder vincularlo a la desaparición de López. En las escuchas de la causa, Falcone, que figuraba en la agenda de Etchecolatz, no sólo hablaba con la mujer de represor sino que también tenía contactos otros sospechosos. Fue interrogado por el vehículo, que era robado, pero no se le hicieron preguntas sobre la desaparición de López.

Susana Gopar. Era una policía bonaerense que estaba en actividad en 2006. Cinco testigos reconstuyeron la caminata que hizo López la mañana que desapareció, y ese recorrido termina en la puerta de la casa de Gopar, en la avenida 66 “entre la verdulería y Edelap”. La mujer está en la agenda de Etchecolatz. A pesar de los insistentes pedidos de la querella de los letrados Guadalupe Godoy y Aníbal Hnatiuk nunca se allanó la vivienda de Gopar.

La conexión Gopar-Falcone. A partir de información suministrada a Rosende y Pertot por una persona allegada a uno de los sospechosos es posible reconstruir una conexión que no figura en el expediente judicial. Falcone, el médico policial vinculado a Etchecolatz, conocía a Susana Gopar de la época en que ambos vivían en Pehuajó. Según esta fuente, la familia de Gopar había trabajado en el campo de la de Falcone. En Pehuajó, además, Etchecolatz fue comisario durante 1975. La fuente, que pidió reserva de identidad, confirmó además que Falcone y Etchecolatz se conocieron en esa época y en Pehuajó. Así, en la investigación para su libro, los periodistas confirmaron que el ex policía allegado a Etchecolatz conocía de Pehuajó a la policía que vivía en la casa frente a la cual se vio por última vez a López. “El dato aislado cobra dimensión sumado a la compleja red de relaciones que hay entre los sospechosos”, afirma Pertot.

Los policías del Circuito Camps. Otra de las pistas importantes son los represores a los que López nombró en sus testimonios, que casi no fueron investigados en la causa. Uno de ellos es el ex jerarca de la Bonaerense Julio César Garachico, quien también se comunicó con Falcone y desapareció de Puerto Madryn a las pocas semanas del segundo secuestro de López. “Algunas cosas se hacen en forma figurativa en la causa, pero no en la realidad, cuando ordenaron intervenir y escuchar las llamadas de Garachico los espías de la SIDE respondieron que no podían porque no figuraba en la guía telefónica, esto es textual del expediente”, se indigna Nilda Eloy, sobreviviente de la dictadura y testigo junto a López en el juicio que dictó la primera condena a prisión perpetua contra Etchecolatz, que se produjo al día siguiente de que desapareciera el albañil de 76 años. Eloy habla de la misma causa en la que se “buscó” a López –de quien el ex ministro Aníbal Fernández había dicho que podía estar “tomando el té con la tía”– por los dichos de videntes y “mujeres pájaro”, en la cual asignaron todas las escuchas telefónicas de la familia al ex espía Jaime Stiuso y donde el ex ministro de Justicia bonaerense Ricardo Casal presentó para el cuarto aniversario un testigo falso que motivó el enorme e infructuoso operativo en el parque Pereyra Iraola.

Se trata de la misma investigación donde quedaron en evidencia los privilegios de los que gozaban los represores del pabellón de lesa humanidad de la cárcel de Marcos Paz, entre ellos Etchecolatz, a cuyas visitas nadie revisaba y que disponían de telefonía celular. Eloy recuerda que a pesar del aviso que les dio el Servicio Penitenciario Federal, y que motivó un segundo allanamiento esta vez sorpresivo, entre los papeles que le secuestraron a Etchecolatz había uno que decía “hay que lograr que un testigo se desdiga”. El dato, que nunca se tuvo en cuenta, abona la hipótesis de que López se negó a renegar de sus dichos y por eso nunca más volvió a aparecer.

Los penitenciarios bonaerenses. Fueron condenados en 2010 tenían el mismo interés que los policías bonaerenses para que se frenaran los juicios. López estuvo preso en la cárcel de La Plata y podía declarar también contra ellos en el respectivo juicio. En el expediente, hay una línea de investigación que lleva directamente a un ex jefe de Inteligencia del Servicio Penitenciario bonaerense. En el libro, Pertot y Rosende lo mencionan con la letra B e indican que tiene vinculación con otros investigados en la causa, entre ellos el médico policial Falcone, y también con los penitenciarios que iban a ser condenados en 2010.

La inaceptable impunidad

“Es demasiado dolor”, dice la abogada Godoy a PáginaI12 sobre la coincidencia de los diez años del segundo secuestro de López y los cuarenta de la Noche de los Lápices. “La línea más importante para mí sigue siendo la de los penitenciarios, porque tuvieron contacto no sólo con Etchecolatz sino también con militares que estaban preocupados por el enjuiciamiento que estaban sufriendo, además de policías en actividad”, precisa en referencia a la presunta “banda mixta” que desapareció al testigo. Godoy no cifra expectativas en la justicia pero sí en la posibilidad de “quebrar pactos de silencio, que depende de la capacidad que tengamos como campo popular de seguir haciendo el reclamo, como parte de la pelea del movimiento de derechos humanos que a cuarenta años sigue encontrando verdades y reclamando justicia”. A su criterio, esta década deja a López como “la certeza de que había que hacer los juicios, y las consecuencias de no afrontar en democracia las herencias de la dictadura, es la certeza de que la Bonaerense no tiene que existir tal como es”.

Pertot cubría los juicios en La Plata y estuvo el día de la condena a Etchecolatz, el 19 de septiembre de 2006. “Llegaban acordes de The Wall de Pink Floyd de afuera, había gente llorando cuando leyeron la sentencia y recuerdo los comentarios y los carteles de López. En ese momento su desaparición todavía era algo confuso, no lo terminábamos de aceptar, o no sabíamos qué pensar. Ahí todavía tenía la idea de que era algo que se iba a resolver, incluso con cierta velocidad. En algún aniversario, varios años más tarde, pensé, pero entonces, ¿esto va a quedar así? Eso me resulta inaceptable”, dice sobre el caso que reinstaló la percepción colectiva de que se puede desaparecer en democracia.

Siete años sin Julio

Otro aniversario, los mismos interrogantes, algunas nuevas respuestas, dos libros que reconstruyen su historia y la inconducente investigación judicial de su desaparición, el 18 de septiembre de 2006.

Más información sobre todas las pistas e hipótesis que los poderes del Estado arruinaron e ignoraron. Hoy marchan los organismos de derechos humanos en La Plata y Buenos Aires, siguen las presentaciones de habeas corpus masivos, persiste la misma indignación por la impunidad del caso. Un juez que no sólo se niega sistemáticamente a profundizar las pistas válidas sino que critica al testigo desaparecido.

La fiscalía afirma que tiene “expectativas reales y concretas” de obtener resultados entre las 17 pistas subsistentes, luego de cerrar otras 34, y de los cruces de 5 millones de llamadas telefónicas. Pero las dos fuerzas a cargo de la tarea no se ponen de acuerdo, la Federal y la PSA, porque sigue sin haber una orden política que las ponga en caja. Y la propia fiscalía denunció que el ministerio de Defensa y el Ejército les niegan colaboración. “Otra de las investigaciones en curso tiene en foco a un ex integrante del Ejército, cuyos antecedentes están siendo estudiados con información requerida al Ministerio de Defensa, pero, indica la fiscalía, “los resultados aun no se han completado, dado que los envíos de legajos -desde la cartera ministerial y desde el Ejército- se efectúan de manera esporádica”. La Unidad Fiscal refiere que “no ha podido acelerar la tarea pese a los insistentes reclamos” porque sobre todo ha quedado “a merced de los tiempos que la mencionada institución castrense (el Ejército) imprime, con la preocupación que esto entraña”, dijo el fiscal Marcelo Molina.

http://fiscales.gob.ar/lesa-humanidad/julio-lopez-informe-especial-a-siete-anos-de-su-desaparicion/

Además, a nuestra columna de opinión sumamos el texto completo del prólogo escrito para En el cielo nos vemos, el libro de Miguel Graziano. Y aportamos imágenes y sonidos. (foto Helen Zout)

La voz del testigo desaparecido cuando dio su testimonio contra el genocida Etchecolatz (radioclips de Adrián Gargiulo para el 6to.aniversario en Marca de Radio y para el 7mo.con más testimonios)

http://www.adrianameyer.com.ar/index.php/am-x-am/item/78-en-el-nombre-de-julio

http://www.adrianameyer.com.ar/index.php/am-x-am/item/128-a-siete-a%C3%B1os-de-su-desaparici%C3%B3n-l%C3%B3pez-est%C3%A1-en-marca-de-radio

Y el bloque del programa Mañanas Informales, que conducía Jorge Ginzburg, donde por primera vez reclamaron por su aparición con vida su hijo Gustavo, su abogada Guadalupe Godoy y sus compañeras sobrevivientes y testigos como él contra el genocida Etchecolatz.

“Hasta ayer pensaba que se podía haber ido de casa por un mal momento o por la emoción, pero hoy ya son tres días que no está”, dice su hijo y se le quiebra la voz. “De haber sido secuestrado quiere decir que estos mafiosos del proceso pueden seguir…”, dijo Ginzburg sin poder terminar la frase.  

http://www.youtube.com/watch?v=zqGCItCznC0

Masiva presentación de habeas corpus, explicada por Myriam Bregman

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-229193-2013-09-17.html

Video de Infojus

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=QOu-Ejko9qk

SIETE AÑOS SIN JULIO

Quienes investigaron durante años la desaparición del testigo Jorge Julio López alguna vez se preguntaron si había alguien preocupado hace siete años, cuando aún no buscaban con intensidad. ¿Habrá alguien ahora riendo porque le salió el crimen perfecto? Es muy probable porque en medio de demasiadas preguntas sin respuesta hay dos certezas. López sigue desaparecido sin que haya ni un solo rastro de su cuerpo, y tampoco hay ningún responsable siquiera imputado por su secuestro.

Ante esto, puro dolor y desazón, se abren las hipótesis sobre los sospechosos. Uno de los méritos del libro de Luciana Rosende y Werner Pertot, Los días sin López, es haberlas ordenado y expuesto con claridad, tras un minucioso trabajo sobre el enmarañado expediente judicial. Las tres líneas de investigación, que se conectan entre sí, son: el entorno personal de Miguel Osvaldo Etchecolatz, el entorno policial del represor y los penitenciarios, estos dos últimos interesados en silenciar al testigo y, eventualmente, frenar los juicios. Tras afirmar que estas son pistas que merecerían profundizarse si la causa no estuviera congelada, Rosende y Pertot afirman algo en lo que coincidimos plenamente: “La investigación poco y mal, con la lentitud de un caracol, trabajada por la inoperancia o la complicidad de la Bonaerense, por la desidia de jueces y fiscales que tenían la obligación de impulsarla, y sin un apoyo decidido del poder político”.

La mayoría de los protagonistas de esta historia coinciden en que a López lo desaparecieron para intentar frenar o condicionar los juicios por delitos de lesa humanidad. Está comprobado que se fue de su casa por su voluntad y que nadie vio que lo hayan metido por la fuerza en algún vehículo. Suponen que alguien conocido suyo lo llevó a un encuentro, amenazado o engañado, donde lo habrían forzado a desdecirse de su testimonio en el juicio contra Etchecolatz. Pero el Viejo, como le decían sus compañeras en la querella de Justicia Ya!, se habría negado y por eso lo hicieron desaparecer. En cualquier caso, tuvo su incidencia en los procesos por delitos cometidos durante el terrorismo de Estado. Además de la ola de amenazas a fiscales, jueces, abogados y testigos que tuvo lugar luego de la desaparición de López, el nunca bien investigado movimiento de apoyo a los represores reclamó amnistía en un acto en Plaza San Martín. Fue entonces, el 29 de diciembre de 2006, que Néstor Kirchner usó por segunda vez la cadena nacional para dejar sentado que haría todo lo contrario: reforzaría la política de enjuiciamiento por delitos de lesa humanidad.

Mientras tanto, López está presente. Cada vez que en Argentina aparece un cadáver sin identificar mandan a pedir el ADN del testigo desaparecido. Así sucedió recientemente en Esquel, y finalmente volvió a dar negativo. En este sentido, los funcionarios del caso mantienen un doble discurso. Lo que más quisieran es cerrar la causa López, pero dicen que “nunca será archivada”. Aunque si no fuera López ya estaría cerradísima, como todas aquellas que no conducen a nada.

Sin embargo, no es cierto que en el expediente López no haya nada. En nuestro seguimiento del caso en PáginaI12 durante estos siete años, y ahora con los dos libros publicados, quedó en evidencia que hay muchos indicios y que el problema fue que sistemáticamente cada pista importante fue arruinada o desactivada. En este momento aún están realizando los cruces telefónicos entre los nombres que aparecen en el expediente y las llamadas recibidas e ingresadas a las antenas celulares de la zona. ¡Pero jamás hasta hoy cruzaron los nombres de las pistas esenciales!

¿Cómo puede avanzar una causa si está en manos de un juez como Manuel Blanco, que el año pasado tuvo el atrevimiento de cuestionar al testigo desaparecido? Es el mismo magistrado que se niega en forma permanente a realizar las medidas de prueba propuestas por la querella.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-208920-2012-11-30.html

Es claro que si a siete años reina la impunidad en el caso López la principal responsabilidad corre por parte de la justicia. Pero ¿qué hizo la fiscalía, el Ministerio Público? ¿Por qué el ex jefe de los fiscales, Esteban Righi, dijo que había que investigar un paradero de persona perdida y no un delito federal? ¿Cómo salió tan rápido de la agenda pública, apenas los medios hicieron lo mismo? ¿Acaso alguna vez fue una prioridad para el poder político esclarecer este caso? ¿A quién responde la Policía Federal, que mostró la misma inoperancia que la Bonaerense a la hora de sabotear las pistas clave? ¿Cómo se explica que los policías federales se tomen dos meses para responder que un CD no puede ser leído? ¿Y el escándalo de la cárcel de Marcos Paz, que debió ser allanada dos veces? ¿Algún funcionario del Servicio Penitenciario o del ministerio de Justicia dio explicaciones por las libertades e irregularidades de las condiciones de detención de los represores del pabellón de lesa humanidad, que les permitían organizar lo que quisieran? Finalmente, ¿por qué fue desactivado el programa Verdad y Justicia, que conducía Marcelo Saín, destinado a detectar y neutralizar posibles focos de represores activos y conspirando? Era la única forma, prevenir las intimidaciones porque ningún testigo en esta clase de juicios se siente seguro con una “custodia” en su puerta.

Aunque duela, López quizá fue el costo que se pagó por la continuidad de los juicios. Aunque duela, su desaparición demuestra que la consigna “desmantelamiento del aparato represivo” quedó inconclusa, resabios aún con poder operativo se llevaron a Tito, al Viejo, al sobreviviente de la dictadura y testigo de la democracia.

 

Para leer el prólogo de En el cielo nos vemos, escuchar a su autor en Marca de Radio y ver su página

http://www.adrianameyer.com.ar/index.php/item/111-los-amigos-del-barrio-pueden-desaparecer

http://www.adrianameyer.com.ar/index.php/am-x-am/item/112-l%C3%B3pez-una-causa-siempre-abierta-y-el-primer-libro

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