“Fue como dicen que es el infierno”

Lautaro tiene siete y Joaquín nueve años. Junto a su mamá y su abuela fueron privados de la libertad durante las seis horas que los gendarmes hicieron lo que quisieron en la Pu Lof de Cushamen, los mantuvieron cautivos en la misma casilla de guardia donde había dormido Santiago Maldonado. “Tienen muchas metralletas, están preparados para un allanamiento. Empezaron a quemar ropa de compañeros, sillas, nuestros juguetes, todo. Balazos y gas lacrimógeno. Es como lo que dicen que es el infierno. Cuando lo veo a Santiago sentí como orgullo y lo dibujé. Lo mataron obviamente los policías”. Con sus palabras y sus dibujos contaron lo que vivieron el 1 de agosto al colectivo El Paso (www.elpaso.com.ar), un grupo de comunicadoras y comunicadores que relevaron pasado y presente de once de las comunidades mapuche de la Patagonia que vienen recuperando territorio desde los años ‘90. “Somos como un ciprés o un coihue, somos nativos, mapuche quiere decir  hijos de la tierra. Y la tierra se está lamentando porque vienen a asesinarla, y a nosotros también”, cuentan los que dieron testimonio en ese trabajo interactivo que busca ser un primer paso en el acercamiento hacia estos pueblos originarios atravesados por el hostigamiento, la represión y la desaparición forzada. En 2003 desapareció el joven mapuche Iván Torres, por cuyo caso la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA condenó en 2011 al estado argentino. Dos años más tarde Cristian y Genaro Calfullanca se sumaron a una lista de 145 desaparecidos mapuche, según precisó la activista Moira Millán.

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Facundo Jones Huala anunció que hacía huelga de hambre para exigir el fin del hostigamiento a los jóvenes mapuche que el 25 de noviembre bajaron el cuerpo moribundo de Rafael Nahuel del cerro en la Lof Lafken Winkul Mapu, en Villa Mascardi, La incursión de Prefectura sucedió dos días después de un violentísimo procedimiento de desalojo, que incluyó torturas a una niña mapuche, una machi (sanadora), a quien obligaron a comer tierra. Pero el lonko también había dejado de ingerir líquidos porque sus carceleros del Servicio Penitenciario no le permitían realizar la ceremonia del Wiñoy Tripantu –el año nuevo indígena o más bien el inicio del acercamiento de la Tierra al Sol– de acuerdo a la práctica de sus rituales ancestrales, que implicaba la entrada al penal de un número determinado de personas, un fogón, una conversación entre ancianos y jóvenes, cantos y juegos, a la espera del lucero del alba. Entre los elementos autorizados para ser ingresados a la cárcel de Esquel había cuchillos, y allá fueron los voceros oficialistas a burlarse.

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Poco importa detenerse en ellos. Parecía una nimiedad el pedido del lonko. incluso en comparación con las batallas que venían librando. Su mamá Isabel y su compañera Andrea explicaron entonces que era como ir a Misa de Gallo en soledad, o hacerlo sin permitirle comulgar. En ese momento el patrón de pensamiento dominante crujió ante la evidencia de la complejidad del escenario donde transcurrió uno de los crímenes de Estado de mayor resonancia de las últimas décadas, que trasciende militancias y minorías intensas.

 

Entender cabalmente lo que pasó con Santiago implica transmutar la propia mirada, aunque no sea con empatía al menos con la mente abierta. Estaba por deseo propio en territorio mapuche, un pueblo originario que con hondas de revoleo disputa ese espacio al gigante de los United Colors. Ese grupo resolvió recuperar su identidad a través del regreso a su lugar de origen, los jóvenes dejaron los barrios marginales de las ciudades y se entregaron a un nuevo modo de vida que incluye abstenerse del alcohol y otras sustancias que alteran el estado de conciencia, que ellos mantienen alerta por su vínculo con la Mapu (madre tierra). El costo comenzaron a pagarlo a poco del inicio de la recuperación territorial, en 2015, y con la llegada de Cambiemos se convirtieron en el enemigo interno perfecto, víctimas de la misma represión estatal que alcanzó al Brujo. Balas de plomo y procesos judiciales los castigaron a pesar de que cubrieron sus rostros para no ser identificados. A un año de la desaparición de Maldonado, los pobladores de la Lof en Resistencia tienen decenas de causas abiertas –algunas iniciadas incluso antes, cuando los reprimieron en enero de 2017–, les aplican el Código Penal por ejercer su derecho a la protesta. En el expediente por la represión de noviembre en Villa Mascardi, ocurrida el mismo día que en 25 de Mayo velaban a Santiago, quedaron imputados Fausto Jones Huala y Lautaro González, quienes bajaron el cuerpo de Rafita, y el prefecto Javier Francisco Pintos que le disparó por la espalda sigue libre.

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Los gritos de dolor de los mapuche cuando el cuerpo de Maldonado apareció literalmente delante de sus narices, en una parte del río Chubut donde buscan el agua cada día para cocinar y beber (muchos de los demás 800 kilómetros que tiene de extensión los controla Benetton), nacieron de sus entrañas porque el Brujo había sido por algunos meses parte de ellos. No estaba en la Lof de paseo o haciendo un estudio antropológico, acudió porque los jóvenes weichafes (guerreros) tenían a la mitad de los suyos presos en Bariloche luego de la represión a la protesta por el mes de prisión de Jones Huala, cuando la policía estrelló contra las rejas el rostro de su prima Romina y le partió los dientes. La muerte de Santiago no los puso en la mira, ya estaban marcados, aunque dio una visibilidad a su reclamo que jamás hubieran imaginado. También superó su capacidad de respuesta. Fueron tan intensos aquellos primeros días cuando Santiago Maldonado estaba desaparecido, que el miedo se mezcló con la desconfianza hacia la justicia huinca (blanca), los envolvió en un torbellino y los hizo trastabillar. Tuvieron que responder ya no a la maquinaria del gobierno sino a la familia Maldonado, hacer su aporte para esclarecer qué pasó en la orilla del río. Aún quienes respetan y comprenden sus creencias y su lucha esperan que completen esa tarea, que quedó trunca. Ellos contestan que aunque vuelvan a hablar no les creen.

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Además de Matías Santana al menos seis de jóvenes mapuche habrían visto que se lo llevó un camión de Gendarmería, pero ese testimonio en la causa aún sigue sin ser respaldado por los demás. En lugar de cuestionar que los gendarmes lavaron los vehículos, el gobierno y sus comunicadores estrella levantaron el dedo para cuestionarlo y estigmatizarlo. Con la aparición del cuerpo el 17 de octubre el oficialismo, que había negado inicialmente su presencia en el lugar, consolidó la versión de que siempre estuvo ahí, sumergido en un pozo. Es más fácil culpar a las víctimas y acusarlas de mentir para ocultar que tampoco hay explicación lógica sobre los cuatro procedimientos previos en ese mismo lugar, que dieron negativo. Cambiemos y sus chupamedias festejaron cuando apareció el cadáver, dos días antes de las elecciones. No era para menos, se desinflaba así la presión internacional y local por su desaparición. Pero hasta hoy no dieron una sola explicación que quite a la familia decenas de dudas que abonan su sospecha de que ese cuerpo no estuvo allí 78 días.

Si acaso concediéramos que Maldonado estuvo en ese pozo y no en manos de los verdeoliva, está más que probado en la investigación que a las once de la mañana del 1 de agosto los gendarmes lo perseguían hasta el río a menos de un minuto de distancia. Como dijo su hermano, en cualquier escenario el Estado sigue siendo responsable, el operativo ilegal y la flagrancia inventada son hechos ya comprobados.

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Contagia la cosmovisión que apunta al buen vivir en armonía con la naturaleza, le pasó a los amigos blancos de los mapuche, wenüy, que armaron una red de apoyo a las comunidades indígenas de la zona, y que actualmente también están criminalizados, amenazados y perseguidos. Le pasó a Maldonado, por eso detuvo su marcha de mochilero y se quedó en El Bolsón, a vivir en una biblioteca anarquista.

Ivan Torres – Una década de impunidad

2 de octubre de 2013. 10 años de la detención arbitraria, tortura y desaparición forzada de Iván Eladio Torres Millacura en la seccional 1ra. de Policía de Comodoro Rivadavia, Provincia del Chubut, Argentina.(afiche: cronograma actividades)
 
10 años de IMPUNIDAD garantizada por la permanencia en la estructura del Estado de las autoridades que tuvieron responsabilidad en su detención, tortura y desaparición forzada: están en el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, nacional, provincial y municipal.
En especial, en el Poder Ejecutivo de la Provincia del Chubut, donde las máximas autoridades policiales resultan ser las mismas personas ‘de confianza’ de aquellos jueces y fiscales el 2 de octubre de 2003 y que hoy siguen siendo ‘de su confianza’ ‘y continúan ‘armando causas’ en el ámbito provincial y federal contra aquellos jóvenes con los que mantienen relaciones de hostigamiento y persecución, quienes finalmente pierden sus vidas en causas que también quedan impunes. 10 años de IMPUNIDAD en una ciudad denominada ‘DE LASMIL PUTAS’ gracias a la criminal combinación de trata de mujeres y una politica extractiva de los recursos naturales desbastadora y con total desconocimiento del derecho de los pueblos originarios; donde desaparecen y mueren mujeres y niñas; en la que docentes y médicos reclaman por una educación y salud pública deteriorada; en donde ‘la palabra’ está presa en la concentración de los medios de comunicación.
10 años y la lista de las víctimas de esta IMPUNIDAD siguen aumentando, nombres como Julián Antillanca, Luciano González, César Monsalvez, Bruno Rodríguez y demás chicos pobres de nuestro pueblo, que sufren las atrocidades de un Estado que sostiene las desigualdades sociales con una política represiva y asesina; que permite la pena de muerte encubierta en las Comisarias y Alcaidías como el caso de Víctor Ruiz, Andrés Gastón Varas, Ángel Mirol, como muchos otros que se encuentran ilegítimamente privados de su libertad en ‘prisión preventiva’. Muertes impunes como las de Diego Álvarez, Dante Caamaño, David Hayes, Walter Mansilla, Gastón Varas, Juan Pablo Caba, testigos y amigos de lván, algunos que debieron ser protegidos por orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
10 años en que la IMPUNIDAD dejó sus marcas también en los expedientes judiciales. La Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia, integrada por los jueces señores Javier M. Leal de Ibarra y Aldo Suarez, la jueza señora Hebe L. Corchuelo de Hubermann y la secretaria señora Verónica Escribano de Gutierrez Hauri, en fecha 4 de julio de 2013 desconocíó la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que condenó por primera vez a la Argentina por desaparición forzada en democracia.
La Cámara Federal cambió la calificación legal de ‘desaparición forzada’ -calificación ordenada por la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación el 13 de marzo de 2007-, por la de ‘privación ilegítima de la libertad’, pretendiendo hacer desaparecer los hechos y las responsabilidades por la detención arbitraria, tortura y desaparición forzada de Iván. El Estado de Argentina no ha cumplido ninguno de los puntos ordenados por la Corte Interamericana en su Sentencia Serie C No 229 de fecha 26 de agosto de 2011 en el caso TORRESMILLACURAy OTROSvs ARGENTINA.
10 años han pasado y no han logrado doblegarnos, seguimos en las calles, pintando en las paredes gritos de Justicia y de Memoria. Porque María nos señala el camino, que a pesar del dolor es la dignidad la mayor fuerza para reclamar por Iván y por todos los ausentes, victimas del terrorismo de Estado.
Por eso hoy gritamos nuevamente: Aparición con vida de Iván Torres, Vivo como se lo llevaron
Memoria – Verdad – Justicia – Reparación integral
María Leontina Millacura L1aipén – Madre de Iván Eladio Torres Millacura
Verónica Heredia-Representante Legal de las víctimas
Mauricio Ruiz. Colectivo Auka Liwen en la TER
(siguen las firmas)
Pedro Morales AGARRE
Por contactos, Verónica Heredia  0297 154 297 469
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