La trama secreta detrás de la ofensiva por el Bauen

La abogada de los propietarios que reclaman el edificio del hotel es comunera del PRO y su marido fue subjefe en la Metropolitana.

En la intrincada trama societaria de dueños y gerentes de dos emblemáticas empresas sin patrones hay tres personas que pasaron a ocupar despachos oficiales del gobierno de Cambiemos. La abogada de los propietarios que reclaman el edificio del autogestionado hotel Bauen, Susana Espósito, es comunera del PRO en Caballito. Los 20 pisos ubicados en Callao al 300 están valuados en unos 30 millones de dólares y pertenecen a Bauen Sacic y Mercoteles SA. En 2001 la primera se lo “vendió” a la segunda, que ahora reclama el edificio, pero casualmente el presidente de Mercoteles es el hijo de quien fuera titular del Bauen, Marcelo Iurcovich. Todo queda en familia, y en el apuro de desalojarlos habría poderosos intereses inmobiliarios de quienes pretenden recuperar un edificio construido con créditos otorgados por el ex Banade, que a junio del 2000 figuraban con una deuda de 85 millones de pesos en la nómina de esa entidad. En tanto, dos ex gerentes de la gráfica Donnelley, hoy cooperativa Madygraf, son funcionarios con altos cargos en la Casa de la Moneda.

Espósito es abogada, escribana y licenciada en Seguridad, además de comunera de la Comuna 6, y junto a su esposo Ricardo Raúl Pedace, ex subjefe de la Policía Metropolitana, conduce un programa en la FM de radio Ciudad, la 2×4. En enero, Pedace pasó de la Metropolitana a encabezar la Agencia de Control Gubernamental de la CABA. En junio de 2006, Espósito firmó como apoderada de Mercoteles una solicitada, junto al apoderado Gerardo Palomero en nombre de Bauen Sacic, que denunciaba a los “ocupantes” y calificaba al proyecto de expropiación, que en aquel momento peleaban en la Legislatura, como carente de sustento “político, filosófico, práctico y jurídico”. Un año después, PáginaI12 reveló que es el mismo grupo Iurcovich que construyó el Bauen con un crédito del programa de infraestructura para el Mundial de Fútbol de 1978, abandonó el edificio, lo vendió dos veces. Ahora estaría a punto de recuperarlo si se ejecuta el desalojo que la jueza comercial Paula Hualde dispuso para el jueves.

En 2007, la justicia determinó que el hotel pertenece a Mercoteles y no al empresario Félix Solari, que lo compró en 1997 y quebró de 2001. Pero tampoco otorgó razón a la cooperativa de trabajadores que lo ocupa y explota desde 2003. El fallecido Iurcovich y sus herederos hicieron una fortuna durante la dictadura, y la consolidaron durante las intendencias de Carlos Grosso, Aníbal Ibarra y Jorge Telerman. Para lograrlo, se valieron de una telaraña de empresas a nombre de familiares y personeros de variadas razones sociales, dos offshores uruguayas y negocios en Brasil.

Cuando se constituyó Mercoteles figuraban a nombre de testaferros, hasta que la familia Iurcovich blanqueó ser dueña de esa empresa en el acta de cambio de autoridades de junio de 2009. Sin demasiado esfuerzo, la justicia habría podido comprobar que entre Bauen S.A. y Mercoteles S.A. hay un íntimo hilo conductor: los mismos personajes son familiares de Marcelo Iurcovich o aparecen alternativamente como directivos o apoderados en las dos empresas. Es decir, las dos firmas tienen los mismos dueños.

“No son casos aislados, entre los deudores del Banade también estaba Luigi Zanon, son empresarios parásitos del Estado, capitalistas sin capital”, dijo Federico Tonarelli (Bauen-Acta). “Repudiamos cualquier acto de violencia que pudiera suceder a partir del 19, somos un grupo de trabajadores no un ejército y sólo defendemos lo que construimos en 14 años, un hotel al servicio de la comunidad. Sabemos que vendrán dirigentes y militantes de un muy amplio espectro político, es el apoyo que tiene la cooperativa, el que hizo posible la ley de expropiación vetada por Macri”.

Por otro lado, PáginaI12 verificó que Guillermo Lerario, gerente de Administración y Finanzas de la Casa de Moneda, y José Luis Lacoste, vicepresidente de esa Sociedad de Estado, fueron parte del directorio de la ex Donnelley. Además, el histórico abogado de esa multinacional, Diego García Vila, es legislador porteño por el partido de Graciela Ocaña en el frente con Cambiemos. “Todos amigos de Macri, quiebran empresas y los premian con cargos en el Estado o en las listas de sus partidos”, dijo Agustín Comas, uno de los abogados de la cooperativa Madygraf, ex Donnelley.

El piquete en primera persona

La blonda conductora dice muy suelta de cuerpo, como suele suceder en televisión, “eso de poner mujeres adelante en las manifestaciones es a propósito”. El comentario reaccionario ignora que los cortes que la izquierda y el sindicalismo combativo viene realizando en la Panamericana en la última década cuentan con la mesura y el cuidado de no exponer a ningún integrante de las diversas agrupaciones. Las mujeres que el viernes enfrentaron a los gendarmes en uno de los piquetes que activó el paro general estaban ahí por propia voluntad, porque lo votaron en asamblea, porque hace más de dos años gestionan una de las plantas gráficas más grandes de América Latina, la cooperativa Madygraf, ex imprenta Donnelley.

Son las mismas que estaban en casa cuando sus compañeros ocuparon la planta de Garín, y que durante la puesta en marcha de la producción se hicieron un lugar para trabajar con ellos a la par, al tiempo que las agrupaciones que los apoyan armaron una juegoteca así sus hijos podían estar cuidados. Son las mismas que ya habían organizado una comisión cuando los anteriores dueños, que intentaron vaciarla y se fueron declarando una quiebra fraudulenta, amenazaban con despidos. Y de sus manos recibieron los alumnos de la zona de Pacheco los cuadernos donados por Madygraf, como así también en el Obelisco y Rosario donde protagonizaron ya varios “cuadernazos”. “Sí, vamos al frente y desde hace tiempo, no sólo ayer en la Panamericana”, responden ellas.

Javier Aparicio es un trabajador de Volkswagen que está suspendido desde enero junto a otros 700 operarios de la automotriz. Tiene 45 años, un hijo y es inquilino. La luneta trasera que los gendarmes le destrozaron ayer es de un auto que aún está pagando en cuotas. Hace un año cuando cobró la segunda quincena de abril se encontró con una rebaja de casi un 25 por ciento. Ante la crisis de Brasil, la compañía alemana había anticipado el posible despido de 1200 trabajadores por el cierre del turno noche de la planta de Pacheco, pero finalmente negoció suspensiones rotativas de los 4000 empleados que allí trabajan, por lo que acaban cobrando menos salario con una inflación creciente. Desde hace meses la fábrica está militarizada, rodeada de gendarmes.

Aparicio ya no compra con tarjeta ni puede comer asados los viernes con los compañeros. En julio pasado, luego de hacer declaraciones en los medios encontró las cuatro ruedas de su auto tajeadas en el estacionamiento de su trabajo. El viernes en la Panamericana avanzó con su vehículo cuando los gendarmes rodearon su auto por detrás y el costado izquierdo, y le ordenaron que se moviera. Fue en ese momento que golpeó a uno de los uniformados que estaba al frente a su derecha y de espaldas. “Somos 700 los suspendidos en la empresa. Me estoy manifestando porque hay compañeros que están ganando el 60 por ciento del sueldo. Me pegaron porque querían que corra el coche, me rompió el vidrio, me pegó. Atrás hay una compañera lastimada porque le saltaron todos los vidrios”, dijo ayer tras el ataque. El efectivo que había sido tocado por el auto terminó pegándole una trompada a Aparicio.

Natalia Blanco tiene 37 años y hace tres días la echaron de su trabajo en un laboratorio. Es estudiante de Farmacia y fue herida en la represión al corte en Callao y Sarmiento. La operaron pero puede perder dos dedos de su mano. Su compañera Nancy Albornoz, enfermera del hospital Borda, fue detenida en el mismo lugar y estuvo varias horas en la comisaría 5ta. A ella no le abrieron causa, en cambio a Cristian Cola, becario del CONICET que desarrolla sus tareas en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP y uno de los seis detenidos en la Panamericana, lo indagaron por corte de ruta y resistencia a la autoridad.

“Dos gendarmes fueron heridos por estas especies de jabalinas (sic)”, dijo ayer la ministra Patricia Bullrich. En las redes se hicieron un picnic, aludiendo a la “lanza desestabilizadora que lastima a indefensos gendarmes”, que por cierto tenían todos sus cascos y escudos sobre los cuales estas cañas –de bambú o de tacuara– rebotarían sin provocar daño alguno. Pero es la misma funcionaria PRO que inauguró su gestión autorizando la represión con balas de goma a los trabajadores de Cresta Roja, y en un comunicado oficial dijo que el motivo fue frenar a un supuesto “infiltrado del PO que quería tomar (sic) el Aeropuerto de Ezeiza”. Andrea D’Atri, fundadora de Pan y Rosas, bromeó ayer en Facebook: “Quiero sumarme a la indignación de “la gente”. ¡Basta de taparse la cara y usar palos! ¡Vayan a trabajar, vagos!”. Y posteó una foto de los gendarmes con sus cascos y palos embistiendo sobre la columna de Panamericana y 197.

En ese punto de la zona norte los manifestantes estuvieron desde las 6 hasta las 9 cortando, estaban liberadas una mano completa y un carril de la otra, y ya habían acordado retirarse cuando apareció el secretario de Seguridad Eugenio Burzaco y comenzó la represión. Por eso los dirigentes del FIT indicaron que el gobierno “forzó” ese operativo. En tanto, las maestras que estaban en el corte del Puente Pueyrredón fueron recibidas con gas pimienta apuntado directamente a sus rostros.

Es evidente el inicio de una nueva etapa, tanto como que la escalada de violencia no está entre los que protestan, por más que los dirigentes de Cambiemos y los medios hegemónicos se tomen de una imagen de un pasamontañas y una caña de tacuara para renovar la estigmatización y condena del piquete, uno de los históricos métodos de lucha de la clase trabajadora.

Dos años de Madygraf

Aquella mañana pensaron que todo terminaba, pero en menos de veinticuatro horas tomaron ese destino y lo dieron vuelta. En el portón de ingreso de la planta que la imprenta R.R. Donnelley tenía en Garín apareció un cartelito que anunciaba la quiebra de la empresa, luego de 22 años de actividad. En lugar de marcar el 0800 que les daban cómo única salida, ese lunes 11 de agosto hicieron una asamblea en la que decidieron esperar un día y entrar. El martes 12 la patronal seguía ausente así que pidieron las llaves a los guardias y a las pocas horas reactivaron las rotativas, con el aporte de estudiantes universitarios que desbloquearon las máquinas. No pararon hasta que el primer camión de revistas salió en medio de aplausos. En estos dos años afrontaron todas las dificultades de producir solos, aunque también muchas satisfacciones. Aún pelean por la expropiación y para que el juez comercial no se siga quedando con el 10 por ciento de sus ganancias, pero se organizaron con una activa comisión de mujeres, juegoteca para los pibes y pibas, donaron cuadernos a las escuelas de la zona y tejieron sólidos vínculos con el resto de las empresas de zona norte, en solidaridad con sus conflictos. Los clientes les confesaron que las publicaciones de ahora, desde que se autogestionan, son de mejor calidad que antes. En un país en plena recesión mantienen 200 puestos de trabajo, con un salario que no llega a la canasta familiar pero que les da estabilidad. Y se dieron el lujo de recibir en sus galpones a los Artistas por el FIT, que en marzo dieron un concierto allí. La fórmula presidencial Del Caño-Bregman, apoyada durante la campaña por ese conjunto lírico, venía aportando parte de sus dietas para apuntalar a la cooperativa que bautizaron Madygraf, en homenaje a la hija de uno de los trabajadores. Ahora preparan un festival Rock sin yuta, para el sábado 20, porque “tal como hacen en Zanon” cuando hay recitales en el playón “nos cuidamos solos”. (foto Santiago Cichero)

Marco Pollo es una de las primeras caras que ve el visitante. Es de Mar del Plata, aunque ahora vive en Bella Vista con su compañera, y trabaja en la mesa de entradas de la ex Donnelley.

–¿Qué sienten al mirar atrás y recordar aquella mañana y la decisión de entrar?

–Bueno debo comenzar con un paréntesis. Una semana antes de la toma de la planta sufrí un incendio en mi casa y quede en coma inducido durante algunas semanas. Recibí la noticia de la toma, la fuerza de los compañeros y también la incertidumbre de aquellos días donde todo parecía desmoronarse. No teníamos mas que un puñado de revistas para hacer con un solo cliente, no cobrábamos porque el juez de la quiebra Gerardo Santicchia retenía los cheques. Nuestras compañeras, esposas, familiares y muchos amigos sostenían con mucho esfuerzo un fondo de lucha para bancarnos. Era indignante que dejaran un cartel con un 0800 para comunicarnos que cerraban las puertas y dejaban 400 familias en la calle. La decisión de entrar a la planta se tomo en una asamblea en la puerta también con los miedos sobre lo que iba a pasar, pero con la firmeza de haber aprendido que sin miedo no hay coraje como dijo un trabajador desde el puente grúa en el conflicto de la autopartista Gestamp.

–¿Cómo es la situación hoy a nivel productivo y también humano en la planta?

–Productivamente hemos logrado durante estos dos años sostener 200 puestos de trabajo, y esto solo en medio de un país en recesión, con despidos y recortes de horas, ya es un gran logro. Claro que no sin dificultades, el mercado gráfico también se ha retraído bastante y la competencia con las grandes fábricas de la industria es desigual, por el respaldo en capitales, los beneficios que les da el Estado y las posibilidades de acceder al crédito e insumos importados como papel. De todas formas fuimos creciendo en los títulos y folleterías que imprimimos. Si bien nuestro salario dista mucho de llegar a la canasta familiar, nos ha permitido lograr una relativa estabilidad. Nuestra capacidad en maquinaria es muy buena pero nuestro mayor capital es humano ya que aquí hay trabajadores comprometidos con la producción con muchos años en el oficio. Aquí las decisiones se toman en asamblea, tanto las políticas como las productivas. Estamos aprendiendo a confrontar las ideas y diferencias que surgen evitando dañar la necesaria unidad para mantener nuestra lucha.

–Si bien tienen diferencias con el movimiento de fábricas recuperadas hicieron un frente común para luchar contra el tarifazo, ¿es así?

–El tarifazo para quienes trabajamos en empresas recuperadas nos pega doblemente porque lo sentimos en nuestros hogares y también en la cooperativa. Fijate que pagábamos 50 mil pesos de luz antes del aumento y después se fue a mas de 270 mil, que son 1000 pesos menos para cada trabajador que además sufrimos el tarifazo en las casas. De todas formas nosotros nos movilizamos rápidamente junto a trabajadores de otras recuperadas y finalmente  el fallo judicial suspendió los aumentos. En cuanto a las fábricas recuperadas creo que la mayoría surgieron con la crisis del 2001 y demostraron que se puede producir sin patrones, pero también es verdad que el mercado es despiadado y te impone un mecanismo perverso de autoexplotación. El debate con los movimientos de recuperadas es que nosotros sostenemos que el Estado debe hacerse cargo expropiando sin pago las empresas recuperadas para estatizarlas dejando el control de la producción en manos de los propios trabajadores. Este debate sin embargo no impide que podamos trabajar en común como fue el caso de la lucha contra los tarifazos. En ese sentido creemos importante poner en la agenda nacional la necesidad de que el Estado otorgue trabajo en forma privilegiada a estas empresas. Nosotros por ejemplo tenemos la capacidad de producir libros, manuales, cuadernos y todo lo necesario para la educación de la población. El Estado consume mas del 70 por ciento del papel impreso en el país, es una decisión política distribuir esa producción entre las mas de 30 cooperativas gráficas.

–¿Cómo piensan reflotar el proyecto de expropiación?

–El proyecto de expropiación ya fue presentado nuevamente en comisiones por los diputados del FIT y a ellos les agradecemos esto y el haber colaborado con el fondo de lucha como hicieron Nicolás Del Caño y Christian Castillo donando parte de sus dietas parlamentarias, lo mismo que Myriam Bregman presentando el proyecto en la lucha contra el tarifazo. Nuevamente tiene que ver con una decisión política ya que el proyecto anterior fue votado por unanimidad en la Cámara de Diputados provincial pero el Senado se negó a tratarlo durante mas de un año y terminó perdiendo el estado parlamentario obligándonos a empezar de nuevo. Pero aún si lográramos una votación favorable es probable que después (la gobernadora María Eugenia) Vidal termine vetándola como viene sucediendo con varias expropiaciones en la provincia. Esto es muy antidemocrático ya que una persona decide por sobre cientos de diputados y senadores con la excusa de que el Estado provincial no tiene dinero para realizar las expropiaciones. Nos parece injusto que se pretenda indemnizar a gente que vació las empresas y las llevó a la quiebra, o como en nuestro caso inventó quiebras que son un verdadero fraude. El “sinceramiento” del que habla el gobierno se trata de sacarle a los que menos tienen para acrecentar las ganancias de los poderosos, desde que asumieron les entregaron las retenciones al campo y la industria con decretos y de la misma forma impusieron el aumento de tarifas.

–¿Lograron establecer lazos con la sociedad y con otras agrupaciones?

–Desde el primer momento supimos que para resistir teníamos que rodearnos de la solidaridad de la población. En 2015 imprimimos 20 mil cuadernos que repartimos en colegios de la zona donde alumnos, docentes y directivos nos recibieron con gran entusiasmo. Los trabajadores de esta planta siempre hemos sido solidarios con los trabajadores de otras empresas y la población. De aquí salió una gran caravana de autos a llevar colchones, ropa y alimentos al barrio Las Tunas en las inundaciones del 2014. Nosotros paramos para pedir por la absolución de los petroleros de Las Heras injustamente condenados a cadena perpetua. Cuando la multinacional Donnelley empezó a preparar los despidos nos hermanamos a la lucha de los trabajadores de Lear y juntos dijimos “familias en la calle nunca más”. Creo que todo eso de alguna manera vuelve en el apoyo que nos dan las distintas organizaciones y la comunidad en general.

–¿Su referencia es la experiencia de Zanon, en Neuquén?

–De alguna manera existen similitudes. Tanto ellos como nosotros defendimos los puestos de trabajo. No buscamos esta situación pero respondimos de la única forma que debíamos si queríamos mantener la fuente de trabajo. La otra era llamar al 0800, esperar la indemnización en cuotas y engrosar las filas de desempleados. Los compañeros de Zanon, que se acercaron a traernos su apoyo y toda su experiencia, cuando tuvieron necesidades productivas incorporaron a decenas de desocupados que habían rodeado la fábrica ante los intentos de desalojo. En nuestro caso incorporamos a nuestras esposas y familiares que lucharon codo a codo con nosotros, que no solo trabajan sino que robandole horas al sueño pusieron en pie una juegoteca para que nuestros hijos puedan tener un lugar agradable mientras trabajamos. Ellas son una gran orgullo en esta lucha. Volviendo a la ex Zanon hoy Fa.Sin.Pat ellos donaron cerámicos a hospitales y escuelas, nosotros donamos cuadernos pero en ambos casos mostramos que las fábricas deben ser del pueblo.

–¿Qué preparan para este segundo aniversario?

–Estamos cumpliendo dos años y hemos decidido mostrar este esfuerzo y el camino recorrido a la sociedad, levantar nuestros reclamos por la expropiación y por trabajo. Lo haremos con una gran campaña de difusión que culminará en una gran jornada el sábado 20 de agosto en la planta. Ese día tocaran Resistencia, Todopoderoso, Popular Marcial,  La chicharra, Roca de humo, La Delta Smokin trans band, Los reyes de la costa, y Monoblock. Habrá actividades desde las 11 de la mañana para niños con teatro y juegos, un bufete económico, exposiciones artísticas y proyecciones de nuestra lucha, Vamos a mostrar el gran apoyo que tiene nuestra justa causa con miles de jóvenes en un recital en el que, al igual que en los que realizan los trabajadores de Zanon, nos cuidaremos nosotros mismos y por eso lo denominamos Rock sin yuta.