El piquete en primera persona

La blonda conductora dice muy suelta de cuerpo, como suele suceder en televisión, “eso de poner mujeres adelante en las manifestaciones es a propósito”. El comentario reaccionario ignora que los cortes que la izquierda y el sindicalismo combativo viene realizando en la Panamericana en la última década cuentan con la mesura y el cuidado de no exponer a ningún integrante de las diversas agrupaciones. Las mujeres que el viernes enfrentaron a los gendarmes en uno de los piquetes que activó el paro general estaban ahí por propia voluntad, porque lo votaron en asamblea, porque hace más de dos años gestionan una de las plantas gráficas más grandes de América Latina, la cooperativa Madygraf, ex imprenta Donnelley.

Son las mismas que estaban en casa cuando sus compañeros ocuparon la planta de Garín, y que durante la puesta en marcha de la producción se hicieron un lugar para trabajar con ellos a la par, al tiempo que las agrupaciones que los apoyan armaron una juegoteca así sus hijos podían estar cuidados. Son las mismas que ya habían organizado una comisión cuando los anteriores dueños, que intentaron vaciarla y se fueron declarando una quiebra fraudulenta, amenazaban con despidos. Y de sus manos recibieron los alumnos de la zona de Pacheco los cuadernos donados por Madygraf, como así también en el Obelisco y Rosario donde protagonizaron ya varios “cuadernazos”. “Sí, vamos al frente y desde hace tiempo, no sólo ayer en la Panamericana”, responden ellas.

Javier Aparicio es un trabajador de Volkswagen que está suspendido desde enero junto a otros 700 operarios de la automotriz. Tiene 45 años, un hijo y es inquilino. La luneta trasera que los gendarmes le destrozaron ayer es de un auto que aún está pagando en cuotas. Hace un año cuando cobró la segunda quincena de abril se encontró con una rebaja de casi un 25 por ciento. Ante la crisis de Brasil, la compañía alemana había anticipado el posible despido de 1200 trabajadores por el cierre del turno noche de la planta de Pacheco, pero finalmente negoció suspensiones rotativas de los 4000 empleados que allí trabajan, por lo que acaban cobrando menos salario con una inflación creciente. Desde hace meses la fábrica está militarizada, rodeada de gendarmes.

Aparicio ya no compra con tarjeta ni puede comer asados los viernes con los compañeros. En julio pasado, luego de hacer declaraciones en los medios encontró las cuatro ruedas de su auto tajeadas en el estacionamiento de su trabajo. El viernes en la Panamericana avanzó con su vehículo cuando los gendarmes rodearon su auto por detrás y el costado izquierdo, y le ordenaron que se moviera. Fue en ese momento que golpeó a uno de los uniformados que estaba al frente a su derecha y de espaldas. “Somos 700 los suspendidos en la empresa. Me estoy manifestando porque hay compañeros que están ganando el 60 por ciento del sueldo. Me pegaron porque querían que corra el coche, me rompió el vidrio, me pegó. Atrás hay una compañera lastimada porque le saltaron todos los vidrios”, dijo ayer tras el ataque. El efectivo que había sido tocado por el auto terminó pegándole una trompada a Aparicio.

Natalia Blanco tiene 37 años y hace tres días la echaron de su trabajo en un laboratorio. Es estudiante de Farmacia y fue herida en la represión al corte en Callao y Sarmiento. La operaron pero puede perder dos dedos de su mano. Su compañera Nancy Albornoz, enfermera del hospital Borda, fue detenida en el mismo lugar y estuvo varias horas en la comisaría 5ta. A ella no le abrieron causa, en cambio a Cristian Cola, becario del CONICET que desarrolla sus tareas en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP y uno de los seis detenidos en la Panamericana, lo indagaron por corte de ruta y resistencia a la autoridad.

“Dos gendarmes fueron heridos por estas especies de jabalinas (sic)”, dijo ayer la ministra Patricia Bullrich. En las redes se hicieron un picnic, aludiendo a la “lanza desestabilizadora que lastima a indefensos gendarmes”, que por cierto tenían todos sus cascos y escudos sobre los cuales estas cañas –de bambú o de tacuara– rebotarían sin provocar daño alguno. Pero es la misma funcionaria PRO que inauguró su gestión autorizando la represión con balas de goma a los trabajadores de Cresta Roja, y en un comunicado oficial dijo que el motivo fue frenar a un supuesto “infiltrado del PO que quería tomar (sic) el Aeropuerto de Ezeiza”. Andrea D’Atri, fundadora de Pan y Rosas, bromeó ayer en Facebook: “Quiero sumarme a la indignación de “la gente”. ¡Basta de taparse la cara y usar palos! ¡Vayan a trabajar, vagos!”. Y posteó una foto de los gendarmes con sus cascos y palos embistiendo sobre la columna de Panamericana y 197.

En ese punto de la zona norte los manifestantes estuvieron desde las 6 hasta las 9 cortando, estaban liberadas una mano completa y un carril de la otra, y ya habían acordado retirarse cuando apareció el secretario de Seguridad Eugenio Burzaco y comenzó la represión. Por eso los dirigentes del FIT indicaron que el gobierno “forzó” ese operativo. En tanto, las maestras que estaban en el corte del Puente Pueyrredón fueron recibidas con gas pimienta apuntado directamente a sus rostros.

Es evidente el inicio de una nueva etapa, tanto como que la escalada de violencia no está entre los que protestan, por más que los dirigentes de Cambiemos y los medios hegemónicos se tomen de una imagen de un pasamontañas y una caña de tacuara para renovar la estigmatización y condena del piquete, uno de los históricos métodos de lucha de la clase trabajadora.

¡Vamos a volver!, a LEAR o a la Panamericana

Dieciséis familias siguen viviendo del fondo de apoyo a la lucha de Lear, porque esa empresa volvió a burlarse del fallo judicial que ordenó reinstalar en sus puestos al último grupo de trabajadores despedidos. Hasta el viernes pasado seguían las dilaciones pero, en teoría, la revisión médica que les exigieron era un requisito para que pudieran ingresar. Sin embargo, el lunes 26 tampoco pasaron del portón de entrada, por eso, con el apoyo de organizaciones políticas, sindicales y estudiantiles, volvieron a cortar el lunes la Panamericana, casi tres horas, dos carriles, en ambos sentidos. “Vamos a volver”, cantaban, porque eso harán hasta que entren todos los despedidos. Y hoy a partir de las 7 concretaron una nueva Jornada Nacional con concentración en la puerta de Lear, en el Puente Pueyrredón, y también con acciones en Rosario, Córdoba y Neuquén, entre otras ciudades. Es por el “incumplimiento reiterado por parte de Lear del fallo de la sala X de la Cámara de Apelaciones que la obliga a reincorporarnos de manera inmediata y efectiva, pero luego de cuarenta días la empresa lo incumple con excusas cada vez más absurdas”, dijo el delegado Rubén Matu.

 

Otra vez en la “Pana”

Los preparativos para el corte comienzan bien temprano, de madrugada. Mientras este grupo de trabajadores era repelido de nuevo en la puerta de la planta de Pacheco, una vez más militantes de variadas proveniencias llegan al lugar en autos y colectivos. Es que esa decisión se mantiene firme, si no entran todos seguirán los cortes, que suelen durar varias horas y producen colas de hasta 4 kilómetros en la autopista. Algunas veces suenan bocinazos de apoyo, otras se escucha alguna puteada, pero la circulación, aunque lenta, está garantizada ya que las interrupciones casi nunca fueron totales. Por decisión de la justicia no acude más la Gendarmería, cuyos efectivos protagonizaron diferentes hechos de provocación e infiltración, pero sí lo hace la Policía Federal.

Poco después de las 7 de la mañana comienza el despliegue de los uniformados en fila subiendo a la “Pana”, al mismo tiempo que los trabajadores de Lear y los militantes van concretando el corte con sus banderas: Ate Marrón Clasista, Sí se puede-hospital Garrahan, Centros de Estudiantes de Filosofía y Letras, Psicología y Sociales UBA, El Despegue-Clasista del Neumático, Madygraf, Suteba Tigre y Corriente 9 de Abril-Educación son algunas de las que se ven desplegadas sobre el asfalto. Al costado, la carpa todavía resiste con sus maderas, chapas y nylon. Jóvenes y veteranos del activismo comparten mate y también un poco de protector solar. Más tarde comenzará la batucada, los cantos y el corte de la mano contraria, con el apoyo de varios vehículos. Ninguna de estas movidas genera atisbo de reacción por parte de la policía, sí en cambio el cruce de cables de los cronistas que acudieron a cubrir la noticia.

“Nos presentamos a nuestras tareas según el fallo de la sala X, que dice que estamos reinstalados, la misma empresa dijo que estábamos reinstalados, hemos firmado actas con ellos, el viernes nos notificó para hacer una revisación médica en cumplimiento de la ley de riesgo del trabajo. Pero hoy de una manera insólita y absurda, tomando el pelo a nosotros y a toda la sociedad, no nos dejó ingresar, nos sigue dejando en la calle, por eso ahora hacemos este corte para decirle a la gente que es un capricho más de esta multinacional norteamericana, y que se está alzando contra la justicia argentina”, dice Damián González. “Es una vergüenza, pero nosotros vamos a seguir con el plan de lucha pactado con los compañeros, y vemos que es una pelea de todo el movimiento obrero para que que se siente el precedente de que esta empresa puede despedir en forma masiva, sin realizar los procedimientos preventivos de crisis, sin mostrar los libros con sus números, sería un hecho nefasto que provocaría más pérdidas de puestos de trabajo, durante 2014 hubo casi un 40 por ciento de desempleo”, agrega este trabajador que aún no logra ser reincorporado. A su criterio, “la pelea por los puestos de trabajo es una lucha digna y justa, la sociedad lo reconoce y sólo queremos que esta empresa cumpla con ley. Somos 16 compañeros que el viernes firmamos un acta para poder ingresar hoy (por el lunes 26) y no nos permitieron entrar, como sucede desde hace 8 meses”.

 

La maraña judicial

Hace más de 40 días que la Cámara laboral falló a favor de los trabajadores, cuando aceptó el pedido de amparo por la reinstalacion que llevaron adelante con el patrocinio de los abogados del Ceprodh, y el apoyo de la Asociación de Abogados Laboralistas como amicus curiae, al igual que el Cels y el Serpaj, entre otras organizaciones y personalidades. En ese momento, hubo festejos y, de hecho, varios pudieron volver a entrar. Pero todo indica que Lear está dispuesta a sentar el precedente de los despidos masivos sin mayores consecuencias judiciales y políticas, con una estrategia calcada de los años ’90 cuando el empresariado local y multinacional utilizaba los retiros voluntarios como extorsión para salir indemnes tras echar a la calle a sus empleados de manera generalizada (aunque entonces no había ni por asomo la resistencia y organización que demuestra hoy el sindicalismo de base). Era tomar el dinero, y terminar en una remisería, o someterse a un juicio eterno, ya desde entonces con la connivencia de Smata y el ministerio de Trabajo de turno.

“No entendemos qué hace esta empresa, primero les adelantó las vacaciones el 22 de diciembre, los citó para el 19 de enero, ellos se presentaron, cuando fueron a ingresar les dijeron que estaban suspendidos, el viernes pasado luego de una medida judicial que le ordenaba a Lear que les otorgue tareas en sus puestos la empresa los envió a hacer estudios médicos, cumplieron con todo y el lunes tampoco entran, con el argumento de que considera cumplida la medida cautelar que les pedía el preventivo de crisis previo a los despidos, y de que la va a seguir apelando”, resumió Edgardo Moyano, abogado del Ceprodh y representante de los trabajadores. “Una medida cautelar está vigente más allá de cualquier tipo de recurso, que no suspende su aplicación”, recuerda en alusión al fallo que aceptó el pedido de una medida cautelar para que fueran fueran reincorporados. “Pero como la empresa sigue sin cumplir con lo ordenado por la sala X de la Cámara los trabajadores se ven obligados a volver a manifestarse en la Panamericana para hacer público lo que está sucediendo, y para decirle al ministerio de Trabajo que debe hacer cumplir la orden judicial”, destacó. Y agregó que “esto no es un conflicto político como dijo el jefe de Gabinete, sino una medida judicial incumplida y son ocho meses sin resolver por el capricho de la empresa, son dieciseis familias cuyos puestos de trabajo siguen en juego, las maniobras ya ni son siquiera chicanas legales sino acciones burdas”. Moyano afirmó que “lejos de desgastarlos los trabajadores de Lear han demostrado su voluntad de hierro, y cada paso de dilación los fortalece para seguir peleando de manera ejemplar”. A su criterio, es hora de que el gobierno nacional y provincial intervengan porque Lear ya desoyó en 16 oportunidades las órdenes judiciales.

 

Adentro y afuera

Ahora bien, ¿como viven esta situación adentro de la planta autopartista? “Más allá de la opresión que mete la fábrica, junto con el sindicato (Smata) que no nos apoya, todos nos ponemos contentos cuando los despedidos siguen cortando la ruta, pero sin demostrarlo mucho porque enseguida te marcan, y las medidas hay que votarlas afuera, en la carpa”, dice Rubén Matu, que ya pudo entrar. “El fallo es claro, si cumplen la ley, cuando termine la feria judicial los compañeros deberían estar adentro, pero acá en Argentina siempre hay alguna cosa rara, nunca se sabe”, agrega.

El diputado provincial Christian Castillo (FIT-PTS) estuvo presente en los cortes realizados durante este mes, y recuerda que “el 17 por ciento de las empresas están anunciando despidos, por eso acá está en juego la posibilidad de que violen la ley para producir despidos masivos, ésa es la pulseada planteada”. Y apunta que el poder político viene avalando a la empresa “dejando abierta la puerta para despidos masivos ilegales”. Consultado sobre lo inconveniente de propiciar la conflictividad social en un año electoral, el legislador responde que “lo que pretenden decir es que quien lucha no gana, y seguramente les vamos a demostrar lo contrario”.

En tanto Lear sostiene que “desde hace cinco meses funciona con normalidad con 525 empleados, y que sólo 16 personas insisten en ser reincorporados aunque se les sigue ofreciendo el pago total de la indemnización más un beneficio extra de 20 sueldos”. Sin embargo, los “indomables” cantan “vamos a volver, todos adentro”.